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Cuento fantástico los ojos culpables

Cuento fantástico los ojos culpables

Aún hoy en día, en la península arábiga pasan cosas que a los que vivimos en el mundo occidental, nos quitan el aliento. Sin embargo, vamos a recordar un cuento fantástico el cual deseo que te sorprenda tal y como lo hizo conmigo.

Un individuo adinerado adquirió a una mujer por 4000 denarios. Por si no lo sabes, ésta era la moneda que se utilizaba en los tiempos en los que aún el mundo era dominado por el imperio romano. Se trataba de monedas acuñadas en oro que equivalían a cuatro sestercios.

Luego de esta nota informativa, retomemos la historia. El caso es que el hombre llevó a la mujer a su hogar y cuando se hizo de noche, éste empezó a llorar de manera desconsolada:

– ¿Qué te ocurre? Le dijo su esposa.

– Estoy triste, porque me he dado cuenta que lo hermoso de tus ojos, impide que me concentre en mis oraciones. Es más, creo que ahora te amo más a ti que a Dios.

Después de un rato, el hombre se quedó dormido y a la mañana siguiente en cuanto despertó vio que su mujer había hecho algo terrible.

– ¿Pero por qué te arrancaste los ojos? ¿Sabes que con eso tu valor ha disminuido considerablemente?

– Eso es lo que a mí menos me importa. Lo trascendente en este asunto es que nadie puede estar por encima de Dios y yo no deseo que por mi culpa, tú tengas conflictos relacionados con la fe que profesas.

De nuevo se hizo de noche, sólo que esta vez el hombre pudo dedicar el tiempo necesario a la meditación antes de caer en un profundo sueño. De hecho, fue durante ese estado de inconsciencia que le pareció escuchar una voz fantasmal que le advirtió:

– Tal vez de verdad pienses que tu mujer perdió su valor al quitarse los ojos, más te aseguramos que sucedió todo lo contrario. Por ello, nos la hemos llevado.

El hombre despertó sobresaltado y miró sobre su cama que yacía el cuerpo de su esposa sin vida y sobre el 4000 denarios.

Apocalipsis

ApocalipsisUn joven todas las noches tenía la misma pesadilla, en la que soñaba que se encontraba en su mismo pueblo en donde todos sus amigos y familiares se atacaban unos contra otros en una batalla completamente sangrienta, en donde todo lo que veía en las películas de terror se manifestaba, como es el caso de las cabezas rodando por el piso o espadas ensangrentadas con la sangre de sus seres queridos.

Al despertar le contaba este cuento corto a sus amigos y familiares, pero en un principio no le dieron mucha importancia, ya que incluso hasta lo sentían gracioso. Pero el joven no dejaba de soñar esa tenebrosa pesadilla que día a día lo perturbaba cada vez más, a pesar de que en su sueño él nunca moría ni lo atacaban.

Sus familiares y amigos le recomendaron una serie de sacerdotes para que lo ayudaran a conciliar el sueño y no pensar en esas cosas del demonio, pero poco pudieron hacer los religiosos en este caso, por lo que cada vez era peor el aspecto del joven al no poder dormir con tranquilidad, y a su vez no poder relacionarse con sus pares, debido a que constantemente estaba pensando en esas pesadillas que tenía todos los días.

El joven decidió aislarse del mundo exterior, y no salir de su habitación hasta lograr haber superado su mal, pero luego de algunos días tuvo la necesidad de salir para alimentarse y hablar con sus familiares al respecto, pero al llegar a la cocina vio a su madre que era devorada por su padre en un escenario completamente sangriento, y su hermano trataba de defender a su madre con un paraguas, pero éste poco podía hacer al respecto. Al ver que no era un sueño, se dio cuenta que su sueño se había hecho realidad, y que el Apocalipsis había comenzado.

El ramo de la prometida

El ramo de la prometidaUna de las fechas más comunes para casarse es sin duda alguna el verano, no sólo porque en esa época del año la temperatura es cálida, sino porque mucha gente aprovecha que sus seres queridos están de vacaciones.

A pesar de eso la gente mayor del pueblo donde yo vivo cuenta historias de miedo que acontecieron en la parroquia de San Jacinto en tiempos veraniegos, en este lugar era donde se iba a casar Gaudencia Bernal, una mujer que había pasado por muchas decepciones amorosas, debido a que era una persona poco agraciada.

Al ver que los años pasaban y la muchacha no podía encontrar el amor por los medios tradicionales, su familia pensó en ofrecer una dote a la persona que la desposara. Poco tiempo pasó para que los pretendientes tocaran literalmente a su puerta, argumentando que ellos eran los indicados para hacer feliz a la señorita Bernal.

Vale la pena mencionar que ella estaba renuente a que se hiciera todo esto, pues decía que el amor verdadero no se puede comprar. Sin embargo, se enamoró perdidamente de un hombre que se llamaba Elías.

Lo que le llamó la atención a Gaudencia de ese individuo, es que rechazó tajantemente recibir dinero alguno, por cortejar a la chica, ya que decía que los demás hombres no habían sido capaces de observar su belleza interior.

El enlace matrimonial estaba fechado para llevarse a cabo un 14 de julio a las cinco de la tarde. No obstante, aproximadamente dos horas antes del momento pactado, se les informó a los asistentes de la parroquia de San Jacinto que había ocurrido una desgracia.

Encontraron a Gaudencia muerta en su casa. Los signos que presentaba su cuerpo sugerían que la causa del deceso no era otra que la asfixia. Otra cosa curiosa que paralelamente hizo que esta historia se convirtiera en leyenda fue que tanto el vestido de novia como el ramo jamás aparecieron.

Los pobladores de la localidad aseguran que cada 14 de julio a las 12 de la noche, Gaudencia Bernal recorre las calles aferrada a su ramo.

Un ritual familiar

Un ritual familiarEn el plano de los cuentos de terror antiguos, nos encargaremos de presentarte la historia de Edgar, un curioso niño de campo allá por el siglo XIX que se encontraría con una macabra sorpresa.

La historia tiene lugar en una zona del alto Perú, en donde solía habitar una familia campesina abocada a labores relacionadas a la tierra, hombres trabajadores hasta el cansancio. Se trataba de una numerosa y humilde familia formando una comunidad de múltiples casas en una región suburbana.

Edgar era el hijo menor de la familia más influyente de esta comunidad, se trataba de un hijo único acostumbrado a divertirse por sí solo. El pequeño se había familiarizado muy bien con esta región y solía dar paseos e imaginar aventuras cada día.

En cierta oportunidad, este pequeño tomó la errada decisión de dar un paseo nocturno en una de esas noches en que la luna se ha ocultado detrás de las nubes y la visibilidad se dificulta. Los minutos pasaban y el niño había dado con la sección trasera de la casa de uno de sus tíos, ubicada aproximadamente a un kilómetro de su hogar, el camino de vuelta realmente se había dificultado por lo cual decidió tocar a la puerta y esperar por el cobijo de estas personas.

Antes de rodear la casa, Edgar se vio atraído por el pequeño aljibe del patio trasero, ante lo cual, e invadido de curiosidad, decidió acercarse y comprobar su interior. Su curiosidad lo llevó a lanzar la característica cubeta sujeta a una cuerda, hacia el interior del pozo.

Momentos más tarde, el pequeño jaló de la cuerda insistentemente hasta lograr que la cubeta ascienda nuevamente a la superficie. Lo siguiente que divisó lo dejó realmente perplejo, dos cráneos humanos yacían dentro, una noticia terrorífica.

Ante esto, Edgar corrió hacia la casa de sus tíos para informar sobre este macabro hallazgo que tanto lo había estremecido, aunque nadie atendió. En el interior de la casa podían verse movimientos, pero estas personas parecían no escuchar el insistente llamado del pequeño.

El pequeño intentó rodear nuevamente la casa y probar el ingreso a través de una ventana, cuando observó algo macabro a través de las cortinas, dentro del hogar, sus tíos y otros reconocidos integrantes de la familia se encontraban practicando extraños rituales. Lo cierto es que no se trataban de rituales muy amigables, la familia del pequeño Edgar estaba involucrada en sangrientos rituales de canibalismo, estos cráneos hallados anteriormente habrían sido de algunas de las tantas víctimas de la familia.

El motel Perséfone

El motel Perséfone

Por azares del destino tomé la ruta equivocada y me desvié hasta un poblado que no conocía. Traté de buscar mi ubicación en un plano virtual, pero no había cobertura en el sitio.

Caminando por las oscuras calles, encontré un pequeño motel llamado “Perséfone”, algo escalofriante si tomamos en cuenta que uno de su significado está tremendamente vinculado con la muerte.

Tengo que confesar que ese tipo de lugares no son mi primera opción para alojarme. En principio porque la mayoría de ellos están descuidados y sucios. Y después porque he oído varios cuentos cortos de terror que han pasado en esos lugares.

La fachada estaba pintada de color azul brillante y encima de la puerta había un letrero de neón grande con el nombre del motel. Entré y enseguida vi la recepción. Un hombre gordo se hallaba tras el mostrador y me miraba de manera desconfiada.

Me le acerqué y un poco temeroso le pregunté:

– Disculpe ¿tiene alguna habitación disponible?

– Sólo me quedan libres dos en el piso de arriba. Le advierto que al tratarse de una habitación doble el precio se duplicará. ¿Está de acuerdo?

Dado que ya no quería buscar más opciones similares, acepté lo que el individuo decía. Me registré y subí.

La luz principal no funcionaba, con lo que mi única fuente de iluminación era la luz proveniente de los automóviles y del alumbrado público. Elegí la cama que estaba más próxima al baño y me acosté sin siquiera des tenderla.

A los pocos minutos, oí un leve murmullo. Pronto este se transformó en el sonido de un fuerte cascabel. Sentí mucho miedo, pues al levantarme de la cama, pude observar como montones de pares de ojos amarillos me miraban fijamente.

Es algo que no tiene explicación, pero el cuarto se llenó de repente de víboras de cascabel, dispuestas a matarme. Creí que todo estaba perdido hasta que me acorde que una de las ventanas daba directamente a la escalera de emergencia.

Bajé de salto en salto hasta que estuve en el estacionamiento. Subí a mi automóvil y puse el motor en marcha. Las víboras me pisaban los talones.

Pisé el acelerador a fondo hasta entroncar de nuevo con la carretera. Luego miré el retrovisor y las serpientes habían desaparecido.

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